Translate

miércoles, 18 de julio de 2007

ATENTADO DE LA AMIA


13 años sin justicia




AMIA: la vida quebradaTodas las edades. Yasmín, que tenía 12 añitos al morir. Paola y Cristián, que con sus 21 años estaban culminando sus estudios de abogacía. Carla, con 17; Ingrid, con 18; Mariela, con 19, que buscaban su primer empleo en la bolsa de trabajo de la Asociación Mutual. Eugenio era boliviano; tenía 17 años y ayudaba en unas obras de reparación. Y, con ellos, 78 personas más, todas con sus vidas, sus amores y su esperanza; todas convertidas en humo a las 9.53 de la mañana del 18 de julio de 1994. A esa hora, la muerte viajó en las entrañas de una camioneta Renault Traffic y dejó una herida de sangre y fuego en la calle Pasteur 633, en el corazón de Balvanera. Ibrahim Hussein Berro, militante de Hezbollah, fue el actor material de la matanza, y su "martirio" se honra con una fastuosa placa en el sur del Líbano, allí donde las milicias chiitas han creado su particular Jihadistán. El "partido de Dios", dedicado a convertir la bondad teológica en una maldad terrenal, conseguía, así, ser el autor del atentado terrorista más importante de la historia argentina. Años atrás, ya había matado a 18 personas en el restaurante El Descanso, de Madrid, y a 29 en la embajada de Israel, en el propio Buenos Aires. El General Intelligence and Security Service lo considera responsable de estos y otros famosos atentados, y todas las fuentes de inteligencia creen que Hezbollah mantiene células en más de veinte países, particularmente en la opaca triple frontera. En el Líbano, con sus misiles tierra-tierra Al-Fajr, iraníes; sus temibles Toophan -versión de los misiles estadounidenses antitanque TOW-; los sirios de alcance medio; decenas de miles de piezas de artillería ligera; aviones iraníes no tripulados Mahajer-4 y un ejército de miles de personas, es el auténtico brazo armado de Irán en la zona. La actualidad lo sitúa en el primer plano de la tragedia del Líbano, pero trece años antes la tragedia se teñía de dolor argentino. Mañana, al sonar de las sirenas, y con el lema de "Hagamos memoria. Reclamemos justicia", los familiares y amigos alzaremos nuestro recuerdo por las 85 personas brutalmente asesinadas en la AMIA. Sus vidas quebradas serán el motor de nuestro compromiso moral. Sin embargo, la AMIA no sólo es recuerdo de la tragedia. También es el sonoro clamor de años de impunidad, encubrimientos y mentiras, en un largo proceso judicial errático y turbio que, finalmente, ha llevado al ex juez federal Juan José Galeano y al ex titular de la SIDE Hugo Anzorreguy a ser procesados. Y, desde luego, la larga sombra de la duda alcanza al ex presidente Menem. Durante años, las familias de las víctimas han padecido una soledad clamorosa, una indiferencia lacerante e incluso a menudo, una brutal falta de piedad, hasta el punto de que hubo quien consideró que en la AMIA no habían muerto argentinos, sino judíos. Un taxista platense me llegó a asegurar que habían sido los propios judíos los que habían provocado una implosión para dar mala imagen de los árabes. Por supuesto, bajé del taxi. Así, un auténtico acto de guerra perpetrado por un país contra otro -la autoría iraní ha sido demostrada por el fiscal Nisman- se convirtió en una estricta "cuestión judía" y dejó de ser patrimonio argentino. Esta ha sido la lucha de los familiares durante más de una década: la lucha contra el olvido y contra la impunidad. Cuando parecía que eran derrotados, y que los muertos eran nuevamente asesinados, esta vez en el recuerdo, el trabajo ingente y casi heroico de Alberto Nisman ha creado unas expectativas de justicia que alcanzan dimensión histórica. Fue el revolucionario francés Emmanuel-Joseph Sieyès quien gritó indignado hace siglos: "¡Quieren ser libres y no saben ser justos!", y ésa es la esencia de la libertad, que nunca se puede fundamentar en una lacerante injusticia. Así lo debió pensar este fiscal, que, con paciencia y valentía, fue desmontando las trampas que le habían preparado. Reveló la fabricación de pistas falsas por parte de la "inteligencia" argentina, rastreó el origen del atentado en la reunión que tuvo lugar el 14 de agosto de 1993 en la ciudad iraní de Maashad, puso en evidencia al juez Galeano, que imputó falsamente a policías bonaerenses con quienes tenía cuentas pendientes. E incluso llegó a viajar a Detroit, donde vive la familia del suicida, para ratificar su autoría. Finalmente, en su fascinante dictamen de 801 páginas, Nisman hizo lo impensable: no culpó a "radicales iraníes", sino al régimen de Irán como instigador y a Hezbollah como ejecutor de la matanza. Con su valentía, la Argentina se convierte en el primer país del mundo que ha pedido a Interpol la captura de los jerarcas del régimen islamista. Ocho son los nombres imputados: Ali Rafjansani, ex presidente de Irán; Ali Fallahiján, ex ministro de seguridad; Ali Akbar Velayati, ex canciller; Moshen Rezai, ex comandante de los Pasdarán; Imad Fayez Moughnieh, ex jefe del servicio de seguridad exterior de Hezbollah; Ahmad Reza Ashgari, secretario de la embajada de Irán; Ahmad Vahidi, ex comandante de la unidad de elite Al-Quds, y, finalmente, Moshen Rabbani, ex consejero cultural de la embajada en la Argentina. El abrió una cuenta en el Deutsche Bank después de la reunión de Maashad y, según parece, compró la furgoneta. Por supuesto, abandonó la Argentina el día del atentado. Como asegura el notable ensayista Gustavo Perednik, Nisman ha sido la esperanza blanca y, contra todo pronóstico, ha cumplido con su cometido profesional y con su compromiso ético. Merece también un aplauso el juez Rodolfo Canicoba Corral, quien no dudó en firmar la resolución contra los imputados iraníes y declaró el atentado contra la AMIA como un crimen de lesa humanidad. Trece años después del atentado, los verdugos parecen no ser tan impunes y las víctimas parecen no estar tan solas. Tiempo al tiempo de la Justicia. Pero la AMIA es algo más, quizá lo fundamental. El lúcido analista Julián Schvindlerman lo escribió en la revista Comunidades : "Junto con el imperativo ético de honrar la memoria de los caídos, tenemos un obligación práctica y moral de prevenir una repetición de análogas tragedias en el futuro". Esta es la cuestión en su raíz: situar el atentado de la AMIA en el mapa de un terrorismo que ha convertido al mundo en la línea de fuego de su unilateral guerra, y que en la AMIA hizo las pruebas de laboratorio. Más allá del chiismo y del sunnismo; más allá de las contingencias concretas de un atentado que se alentó al albur de promesas incumplidas con Irán, por parte del ex presidente Menem, y, desde luego, mucho más allá de los conflictos abiertos en el mundo, lo que mató en la AMIA fue un totalitarismo nihilista, de base teocrática, que lleva décadas gestándose en el corazón del islam rigorista, y que, en su culto a la muerte, considera objetivo militar a cualquier ser humano, incluso a los propios hijos. La misma muerte que laceró a 85 familias argentinas ha teñido de sangre el mapamundi. ¿Contamos? Más de 200, en Kenya; 4000, en Estados Unidos; 200, en Madrid; centenares, en Turquía; 400, en Bali; casi un centenar, en Londres; 400 en Beslan; centenares, en Bombay, y todo ello sin contar los miles que suman los atentados en Irak, Afganistán e Israel. Su ambición es imperial. Su ideología es totalitaria. Su liturgia es religiosa, y su objetivo somos nosotros. Es decir, cualquiera: el que viaja en un tren en Madrid; el que baila despreocupadamente en una discoteca de Bali; el que toma un subte en Londres, o el que buscaba trabajo en la mutual de la AMIA. Si algo está uniendo a las diferentes corrientes del islam fundamentalista es la guerra contra la modernidad, entendida la modernidad como el conjunto de valores que garantizan la libertad. Por eso, los atentados de Buenos Aires contienen una carga tan simbólica, porque fue aquí, un 18 de julio, en la calle Pasteur 633, y antes, un 17 de marzo en Arroyo 916, donde el terrorismo islámico empezó a mostrar su manual de estilo: muerte civil, arbitraria y masiva; gran capacidad tecnológica y financiera; gran libertad de movimientos, protegido por cancillerías de países miembros de la ONU, y una finalidad de largo plazo que, con la práctica del terror, busca la destrucción de las libertades en los países democráticos. Si además se benefician con una justicia corrupta o una indiferencia ciudadana, como pasó con la AMIA, el éxito es rotundo. Por ello, la muerte en la AMIA es una herida en el mundo. Mataron en Buenos Aires a ciudadanos argentinos, pero en realidad atentaron contra su identidad civil: la que configura una sociedad libre.

Mañana, a las 9.53, recordaremos sus vidas rotas y volveremos a comprometernos con la libertad. Los pueblos que no tienen memoria del horror no tienen futuro.

www.pilarrahola.com

5 comentarios:

BORDE dijo...

Amiga Neguev, no lo dude, ese atentado muestra sorprendentes similitudes con el 11M.

Neguev & me dijo...

En este caso el suicida existía:

"Ibrahim Hussein Berro, militante de Hezbollah, fue el actor material de la matanza, y su "martirio" se honra con una fastuosa placa en el sur del Líbano"

Tampoco creo que nadie se dedicara a hablar de Hobbits o de CONSPIRANOIAS por sospechar que tenía que haber alguna conexión local que "conspiraba" valga la redundancia.

¿dónde las similitudes?

BORDE dijo...

Precisamente ahí, amiga Neguev, el atentado de la AMIA y sobre todo, lo ocurrido después, permite intuir que exitió participación "ajena" en la organización, al menos, de forma "pasiva".

Neguev & me dijo...

Qué interesantes similitudes encuentra usted. No me irá ahora a decir que tampoco se supo del explosivo ¿verdad? En cualquier caso,¿ Qué hubieramos pensado algunos si se hubiera inciado una campaña de firmas a favor de los funcionarios que por una cosa u otra fevorecieron o propiciaron que el atentado de la AMIA no tenga mas que un responsable: El suicida?

Anónimo dijo...

Discurso de Pilar Rahola

Familiares, Presidente, Primera dama, autoridades, amigos. Empiezo con una confesión y es que a menudo uno tiene un micrófono adelante y sabe lo que puede o tiene que decir, pero a veces la emoción traba las palabras.
Y sin ninguna duda hoy es un día emotivo, denso de emoción, profundamente intenso. Permítanme por tanto que hoy quizá no sea el día mas brillante en lo ideológico, en las ideas, por que la emoción me puede.
Quiero continuar con un aplauso, Argentina está dando una lección al mundo. Ustedes son un país que se han atrevido a hacer una petición Internacional en INTERPOL contra los responsables del gobierno Iraní. Son únicos en este caso y están abriendo un camino que da lección al mundo .
Pero largo fue el camino para llegar aquí, a veces solitario, a veces difícil, a veces con mucha lucha, mucha piel, demasiada energía. Hoy estamos aquí para honrar a los que no están, estamos aquí para honrar a la memoria. Y Bien sabemos que los pueblos que no tienen memoria del horror, no tienen futuro.
Pero como yo tengo hoy el enorme privilegio, absolutamente inmerecido de poner alguna voz, a los que no tienen voz, permítanme que pida un compromiso moral a distintas personalidades y segmentos sociales que algo tienen que decir sobre los que no están, sobre los que murieron.
Qué paso hace 13 años aquí en la calle pasteur a las 9.53 de la mañana?, una persona se levanto de su cama, quizá rezo a su dios, quizá beso a una madre o a una hermana o llamó por teléfono. Se levanto, quizá tomo alguna cosa para ir calentito, se acerco a una calle, condujo una furgoneta cargada con la muerte y estalló. Detrás de ese hombre, qué había?, años de adoctrinamiento en el odio y en la muerte, decenas de países implicados en ese adoctrinamiento, fortunas y gentes, alimentando el odio y el terrorismo. Y finalmente, en este caso, gracias a la acción de la justicia sabemos que hubo un país miembro de la ONU financiando ese Acto malvado. Yo estoy hoy aquí para decirles que las victimas de AMIA son las victimas del mundo. Hubo un momento en la historia de la Argentina que alguien dijo: “No son Argentinos, son judíos”; mi desprecio profundo para ellos. Pero no solo son Argentinos los que murieron, son ciudadanos del mundo, son mi gente, mis hermanos, mis amigos, mis primos, mis abuelos, mis padres. Son la misma muerte que mató 200 personas en mi país, en España, los mismo que acaban de matar unos turistas en el Yemen, los mismos que han teñidos de sangre las calles del Líbano, y que han muerto ahora unos jóvenes soldados, los mismos que mataron en una discoteca en Bali y sembraron la muerte de 400 personas, los que mataron en Nueva York, los que mataron en Bombay, los que mataron en Kenia, los que mataron en Turquía, los que matan tan a menudo en Israel, es la misma muerte, la misma ideología, la misma maldad y el mismo reto con la libertad.
Por eso si me permiten voy a hacer un llamamiento. Hoy aquí no solo nos mueve la memoria, hoy aquí no nos mueve solo el recuerdo, ni tan solo hoy no nos mueve solo el honor a las víctimas, nos mueve el compromiso moral y voy a lanzar un reto, pido un compromiso moral al periodismo, a mí, a nosotros, los que escribimos en la prensa, los que tenemos el honor de tener un micrófono, una pluma, un ordenador y hacemos artículos y hacemos llamamientos. Un compromiso con la verdad. Demasiada mentira, demasiada tergiversación, demasiado mirar hacia otro lado, demasiada corrección política, demasiada falta de valentía. Quiero recordad al periodismo que nuestro compromiso es inequívocamente con la verdad o no servimos de nada.
Quiero recordar el compromiso moral de los lideres sociales. Aquellos que levantan banderas de solidaridad y banderas de libertad, esos lideres muy a menudo de la izquierda, mi propia ideología, que levantan banderas, pero son banderas teñidas de sangre. Les quiero recordar que las banderas de la libertad no pueden nunca, ni justificar dictaduras, ni justificar muertes, ni alentar a asesinos. Y que allí donde una bandera de solidaridad o libertad tiene sangre, no vale para nada. De manera que un compromiso moral de la libertad por parte de los líderes sociales, intelectuales, universitarios, vergüenza me da que en nombre de las ideas que yo amo, haya gente que hoy este viajando a Irán. Vergüenza me da, profunda.
Un compromiso también a las instituciones internacionales. Con mucha alegría he oído estos días decir que el presidente hablará en la ONU y denunciará a Irán. Si así es, lo felicito. Por que la ONU tiene que oír. Ya esta bien que una institución Internacional nacida para defender el derecho se haya convertido en un blanqueador de dictaduras, ya esta bien que esconda, que calle, que mienta. No sirve para defender el derecho si no está donde está la libertad y hoy la ONU calla demasiado.
Y desde luego una petición humilde que no me corresponde a las autoridades Argentinas. No es suficiente con tener un juez valiente y un fiscal valiente que hayan dicho: estos fueron y hayan firmado y hayan exigido que vengan aquí, que den la cara los que pagaron, los que prepararon, los que financiaron, los que alimentaron la muerte. También es necesario que los gobiernos se comprometan. Y desde luego yo también creo que la organización que ejecutó la matanza, ese partido de D-s que ha traído el infierno a la tierra, pobre D-s. Esa organización tiene que ser tipificada como Terrorista. En Europa ya lo hacemos, en Europa ya sabemos quienes son claramente terroristas y nos han declarado la guerra, a la vida, a la libertad, a la justicia. A todo aquello por lo que hemos luchado y por lo que nos hemos construido como sociedad. No puede ser de ninguna manera que ningún país de gente del mundo, Hezbolla pueda tener una oficina abierta y pueda hacer apología. Es una organización de muerte, mata y aquí en Argentina ha matado Argentinos.
Miren, alguien dijo una vez que la libertad sin justicia no es libertad y gritó, quieren ser libres y no saben ser justos. Repito lo mismo, la libertad sin justicia va coja, en realidad esta herida y a veces herida de muerte. Pero también alguien dijo una vez , y hoy lo recordaba con los chicos jovencitos con los que he estado antes, alguien dijo una vez, y defendía a la justicia: lo peor no es la maldad de los malos, lo peor es el silencio de los buenos. No callen, no callemos, hoy aquí hemos llorado, nos hemos emocionado, hemos hecho el homenaje pertinente a los caídos. Ustedes a los suyos, yo a los míos, todos a los nuestros, todos somos AMIA, todos caímos. Nosotros, por que cayo la vida. Aquí hoy también tenemos que comprometernos con la palabra libre, con el compromiso moral, con la defensa inequívoca de los principios de los derechos humanos, y sin ninguna duda tenemos que comprometernos con la lucha contra el odio, el fanatismo y la maldad. Se los debemos a ellos, no solo por que hace 13 años que se quedaron sin tiempo, sino por que nos reclaman que nuestros jóvenes no tengan que vivir escondidos, ni asustados, ni tengan nunca que hacer un acto como el de hoy. Se los debemos a la vida, al futuro. Por ellos por tanto hoy, renuevo mi compromiso ético y moral con la vida y con la libertad.