Translate

domingo, 17 de junio de 2007

Crónica de Prensa




Más allá de lo que hasta ahora el País había hecho nunca en un editorial (si mi memoria no me falla).

La afirmación que aparece hoy "por mucho que se pretenda ver en la guerra civil palestina la culminación de los sueños del Estado judío" es la mayor barbaridad que les he leído nunca. Tanta mala hostia y tanto odio a Israel y a los judíos, sí , a los judíos ('culminación de los sueños del Estado judío') está más allá de lo que hubiera pensado. Esta afirmación de el País es una puesta al día de los libelos medievales y de la imagen sanguinaria del judío, para el que lo que desea, el sueño máximo es el sufrimiento y el derramamiento de sangre.

Hoy en el País(16/06/2007) cruzaron la línea roja que separa la crítica política de las terrible judeofobia.


Victorino Cortés Huertas


EDITORIAL
Palestina rota
16/06/2007
[...]
Estados Unidos y Europa se han apresurado a condenar la toma del poder por Hamás en Gaza y a ratificar la legitimidad exclusiva del presidente palestino, único destinatario de su ayuda. Pero lo sucedido en Gaza no sólo es una derrota para todos los palestinos. Es también un fracaso para la política de EE UU, la UE e Israel, por mucho que se pretenda ver en la guerra civil palestina la culminación de los sueños del Estado judío. A la postre, una organización fundamentalista que todavía niega el derecho a la existencia de Israel y patrocina abiertamente el terrorismo emerge más fuerte después de 15 meses de boicoteo occidental, mientras que Abu Mazen y Fatah son mucho más débiles.
Para fortalecer la opción de los palestinos moderados van a ser necesarias medidas más enérgicas y audaces que las practicadas hasta ahora. No parece encajar en este capítulo el posible envío de una fuerza de interposición a Gaza, algo a lo que son renuentes tanto Washington como la UE y que no tiene sentido sin la premisa de que las dos partes enfrentadas depongan las armas. Lo imprescindible y urgente es aliviar la vida miserable de los cientos de miles de palestinos que asisten impotentes al desplome de sus sueños. Eso exige la firme voluntad política de las potencias y la abierta cooperación israelí.

*******************************************************************

Es muy triste, muy indignante y provoca mucha impotencia que no haya forma de replicar a esta difamación de Israel y de los judíos que ABC hace llegar a tantos miles de persona.

¿Por qué ahora vuelven a dar esta imagen sanguinaria de Israel y de los judíos - muy en línea con el editorial de ayer de el País -? ¿Por qué ahora también el libelo medieval antisemita en esta guerra civil palestina, en esta lucha entre el nacionalismo totalitario de Fatah y el totalitarismo religioso de Hamas?

Victorino Cortés Huertas



La jaula palestina
POR L. L. CARO


PASO DE EREZ. Ajeno a que su autoridad no ha valido nunca en la franja ni el precio de las llamadas telefónicas con que sus asesores las transmitían hasta Gaza, y ajeno a que sus órdenes ya no son ni un eco allí, el presidente Mahmud Abbás cometía ayer la intrepidez formal de nombrar un nuevo jefe de Al Fatah en el territorio en que Al Fatah ha sido proscrito.
Ibrahim Abu Najer, antiguo responsable de los comités nacionales en la zona.
Una audacia estéril de por sí, que cobraba tintes de absurdo porque Ibrahim Abu Najer era ayer uno de las decenas de altos cargos del Movimiento nacionalista que por la mañana huían a refugiarse en el que es ya su feudo natural, el otro «país palestino», Cisjordania, gracias a la complicidad de Israel, que, después de mantener durante días clausurada la franja como una jaula y a sus habitantes encerrados dentro como animales condenados al fuego cruzado, abría ayer momentáneamente las compuertas del telón de acero con Gaza para permitir a los prohombres de su «moderado» aliado, el rais, escapar de las seguras represalias de Hamás, los portavoces de Fatah, Tawfiz Abu Hussa, el secretario del partido, Majed Abu Shamala, el mandamás de la Seguridad Nacional, Jamal el-Qaid...
El trato de favor a los oficiales y a sus familias -500 personas- desencadenaba una furia colectiva. Una marabunta de civiles desquiciados por no tener agua ni comida, pero sí el riesgo de morir si salían a buscarla a la calle. Por no tener amparo, pero sí un miedo insuperable a tanta furia, en vista de la discriminación, se abalanzaban en masa contra las instalaciones del paso fronterizo para intentar arrancar a Israel por la fuerza el salvoconducto que nadie les daba por ser sólo civiles.
No pasaron de saquear por pura impotencia los barracones mugrientos que hasta ahora servían a Al Fatah para controlar, siempre desde el lado palestino, esta frontera de Erez. La turba se quedaba atrapada dentro de la jaula, para colmo viendo a los militares hebreos desplegándose y apuntar a la masa de desesperados con las armas de sus blindados. Hubo disparos al aire para persuadir: nada de improvisación, los planes para contener «una avalancha de palestinos» en este cruce se comentan desde hace días en la prensa israelí.
Centenares de vecinos regresarían por la tarde para intentar salir de nuevo, acompañados por sus niños y la casa acuestas, en bolsas de plástico atadas con la misma falsa ilusión con la que esperaban un gesto de compasión de Israel, que no llegó.
Ayuda humanitaria
El Estado hebreo también dejó ayer atravesar la frontera a 150 cooperantes. Por la tarde, el ministro de Interior judío, Avi Dichter, proclamaba autorización para permitir la entrada de alimentos y productos básicos.
«Nuestra evaluación se centra en la cuestión humanitaria, a fin de impedir una hambruna», decía. Otra cosa es su seguridad. Pero Abu Najer, el flamante nuevo jefe de Fatah en Gaza, se ha ido a Cisjordania con los otros. «Aún no se sabe si volverá a la franja», despejaba desde Ramala una fuente oficial.

2 comentarios:

BORDE dijo...

Nuestra "inteligencia" siempre, siempre, contra los judíos.

La España eterna. Un saludo, Neguev.

Anónimo dijo...

ORIENTE MEDIO
La Guerra de los Seis Días y la "ocupación"
Por Jeff Jacoby
Con motivo del 40º aniversario de la asombrosa victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, nos ha caído encima un alud de revisionismo histórico saturado de filopalestinismo, reproches a Israel e indignación a cuenta de la "ocupación". Ésta, se nos dice, es la madre de todos los desastres que asuelan la zona hoy día.

Jeremy Bowen abría su retrospectiva para la BBC con estas palabras: "A Israel le bastaron seis días para aplastar a las fuerzas armadas de Egipto, Jordania y Siria". Y unos párrafos más adelante añadía: "La mañana del 5 de junio de 1967, en un ataque sorpresa, la Fuerza Aérea Israelí destruyó a la de Egipto". Nada decía de qué podrían haber hecho los árabes para que Israel se lanzara al ataque; bueno, sí: decía que habían proferido por radio "amenazas espeluzantes".

El caso es que los árabes habían concentrado una formidable fuerza militar en las fronteras de Israel, y que el mandatario egipcio, Gamal Abdel Naser, había expulsado del Sinaí a las fuerzas de pacificación de la ONU y cerrado ilegalmente los estrechos de Tirán, lo cual había privado a Israel de su principal vía de acceso al petróleo. Nada de esto aparece en el artículo de Bowen. Lo mismo es que no tenía espacio.

El amigo Bowen asegura que los generales israelíes, "tremendamente seguros de sí mismos", estaban impacientes por ir a la guerra porque sabían que no podían perderla. (Lo cierto es que tanto los militares como los políticos israelíes estaban muy angustiados; tanto, que el jefe del Estado Mayor, Isaac Rabin, sufrió una crisis nerviosa). "El mito de la guerra de 1967 –proclama Bowen– dice que el David israelí mató al Goliat árabe".

Por desgracia, el relato de este periodista de la BBC no es único. De acuerdo con la narrativa revisionista, lo más importante de 1967 no es que Israel sobreviviera a lo que sus enemigos habían concebido como una guerra de aniquilación, sino que, en el transcurso de la misma, ocupara tierras árabes, parte de las cuales aún conserva.

En las innumerables manifestaciones antiisraelíes que se han registrado estos días el lema estrella ha sido el de "Acabemos con la ocupación". En cuanto al secretario general de la ONU, ha emitido una declaración en la que se recuerda a las víctimas del conflicto en Oriente Medio, " particularmente a los palestinos que siguen viviendo bajo una ocupación que ya dura 40 años". Por lo que hace a la Iglesia Unida de Cristo, ha difundido un mensaje en el que se deplora la ocupación israelí –el término "ocupación", o cualquiera de sus parientes, aparece 15 veces– y no se hace una sola mención al terrorismo árabe, que lleva décadas cobrándose vidas israelíes.

Teniendo en cuenta la de veces que se dice que la "ocupación" es el principal obstáculo para la consecución de la paz entre árabes e israelíes, quizá hubiera sido de esperar que en las discusiones sobre la guerra que han tenido lugar en estos últimos días se hubiese destacado que en 1967, cuando los árabes mandaron sus ejércitos a cercar el Estado de Israel, no había ocupación alguna. Pero claro, eso habría significado reconocer que en la raíz de la ocupación se encuentran el odio y la violencia árabes. O sea, decir justo lo contrario de lo que se estila.

El reportaje que ha publicado Time con motivo del 40º aniversario de la Guerra de los Seis Días descansa por entero en la manera de ver las cosas de un palestino que ha vivido siempre bajo la ocupación, en la Margen Occidental. En ningún momento se nos dice que dicho territorio jamás habría sido ocupado si el rey Husein de Jordania hubiera accedido a las peticiones –públicas y privadas– de Israel para que se mantuviera al margen del conflicto. Pero Husein optó por hacer oídos sordos y bombardear Tel Aviv, Jerusalén y Netania. Radio Ammán anunció, en nombre del rey, que todos los israelíes debían ser "hechos pedazos". Fue entonces, y sólo entonces, que Israel, en defensa propia, penetró en la Margen Occidental.

Cuarenta años atrás, Time tenía bien claro con quién habían de estar las simpatías de la gente civilizada. En su número del 16 de junio del 67 ponía el foco en las belicosas amenazas de Naser e informaba de que las fuerzas árabes se estaban agrupando "amenazadoramente" alrededor de la patria judía. "Desde que, hace 19 años, fuera creado Israel, los árabes se han estado preparando para el día en que puedan destruirlo", explicaba a sus lectores; y una semana más tarde su portada llevaba por título lo que sigue: "Israel, la lucha por la supervivencia". Asimismo, ponía la alarma israelí en su contexto: 110 millones de "árabes hostiles" amenazando a los 2,7 millones de israelíes.

¿Qué más hacía Time por aquel entonces? Por ejemplo, reproducir lo que decían los propios árabes:
"Nuestro pueblo lleva esperando esta batalla 20 años", ruge El Cairo. "Israel va a recibir una lección mortal" (...) "¡Muerte a los judíos!", clama Bagdad. Y un mando sirio hizo este temerario vaticinio a los radioyentes: "Destruiremos Israel en cuatro días".
En 1967, los israelíes no dudaban de que El Cairo, Bagdad y Damasco pretendían hacer exactamente lo que decían. Time tampoco. Ahora el relato ha cambiado, pero los hechos, esa yunta de cabezones, no.

Si Israel hubiera perdido la Guerra de los Seis Días, hoy no habría ocupación. Eso es un hecho. Más que nada, porque Israel hubiera sido aniquilado. Y esto es otro hecho.


JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.